Muchas veces menguante, otras tantas creciente y muy pocas totalmente llena, plena. Nueva con una periodicidad predecible e implacable.
Casi siempre lejos del sol, en la oscuridad, acostumbrada a estar en la negrura, en lo apartado. A veces invisible, imperceptible, olvidable, insignificante si son pocos los que la recuerdan cuando no se ve.
Débil ante la niebla de las ciudades y tristemente lejana durante las lluvias aún cuando pueda estar brillando detrás de las nubes. Hermosa cuando se lo propone, seductora y siempre anhelante de los amores que ve creados gracias a ella.
No existe amor para ella, pues aunque haya quien desee tocarla, alcanzarla, hacerlo parece imposible, más ha habido extraños que logran llegar a ella aunque por su grandeza se sofocan y deben alejarse.
El sol, su amor platónico e imposible, es lo más anhelado pero sólo hacen el amor una vez cada cien años y hay veces que en ese eclipse el sol sea quien se cubre y desaparece por el amor de la luna, pero él es tan orgulloso de sí que furioso se aleja pronto de la luna y la hace al tiempo desaparecer eclipsándola también en una eterna relación inexistente. Es entonces cuando ella con toda dignidad y vanidad se pone más hermosa esperando ser vista por alguien más, pero aunque la miren miles continua el cruel destino de no ser tocada.
La luna tan bella, impetuosa, vanidosa, imponente, orgullosa, sarcástica, melancólica y alegre es también tímida pues cuando alcanza a ver los ojos de algún cometa se esconde hasta que pasa, pero también de vez en cuando se pone a coquetear con algún sol de otra galaxia y aún a pesar de eso y después de miles de años sólo tiene que conformarse a ser acompañada por un mísero satélite creado, hecho por los hombre y a tener una bandera ajena clavada en pleno corazón, siendo lastimada por esa sentencia de propiedad de algún poderoso desconocido.
La luna tiene muchos secretos, es muy bien sabido que hay un lado de ella que siempre está escondido, otro que muestra a todo el mundo y nadie más que el sol sabe qué esconde pero todos creen conocerla.
Cuando veo la sonrisa sarcástica y burlona de la luna recuerdo que soy como ella, sólo que ella es la eterna e infinita Selene y yo la siempre en peligro mortal Helena.
Casi siempre lejos del sol, en la oscuridad, acostumbrada a estar en la negrura, en lo apartado. A veces invisible, imperceptible, olvidable, insignificante si son pocos los que la recuerdan cuando no se ve.
Débil ante la niebla de las ciudades y tristemente lejana durante las lluvias aún cuando pueda estar brillando detrás de las nubes. Hermosa cuando se lo propone, seductora y siempre anhelante de los amores que ve creados gracias a ella.
No existe amor para ella, pues aunque haya quien desee tocarla, alcanzarla, hacerlo parece imposible, más ha habido extraños que logran llegar a ella aunque por su grandeza se sofocan y deben alejarse.
El sol, su amor platónico e imposible, es lo más anhelado pero sólo hacen el amor una vez cada cien años y hay veces que en ese eclipse el sol sea quien se cubre y desaparece por el amor de la luna, pero él es tan orgulloso de sí que furioso se aleja pronto de la luna y la hace al tiempo desaparecer eclipsándola también en una eterna relación inexistente. Es entonces cuando ella con toda dignidad y vanidad se pone más hermosa esperando ser vista por alguien más, pero aunque la miren miles continua el cruel destino de no ser tocada.
La luna tan bella, impetuosa, vanidosa, imponente, orgullosa, sarcástica, melancólica y alegre es también tímida pues cuando alcanza a ver los ojos de algún cometa se esconde hasta que pasa, pero también de vez en cuando se pone a coquetear con algún sol de otra galaxia y aún a pesar de eso y después de miles de años sólo tiene que conformarse a ser acompañada por un mísero satélite creado, hecho por los hombre y a tener una bandera ajena clavada en pleno corazón, siendo lastimada por esa sentencia de propiedad de algún poderoso desconocido.
La luna tiene muchos secretos, es muy bien sabido que hay un lado de ella que siempre está escondido, otro que muestra a todo el mundo y nadie más que el sol sabe qué esconde pero todos creen conocerla.
Cuando veo la sonrisa sarcástica y burlona de la luna recuerdo que soy como ella, sólo que ella es la eterna e infinita Selene y yo la siempre en peligro mortal Helena.
Eritia
2 comentarios:
No soy hombre de mucha lectura, fuí invitado a leer está página por una persona que si lo es y a la que admiro.
Cierto es que no me es posible expresar mi sentir al leer el texto en prosa tan elocuente como la del autor, pero lo que si sé y reconozco es que es un texto muy bello.
La experiencia estética es inegable.
Lex
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