martes, octubre 02, 2007

El fruto de... El dolor

Me odiabas, sé que lo hacías, no hizo falta que me lo expresaras con palabras porque bastaba sorprenderte cuando me mirabas pensando que no me daba cuenta para saber tus sentimientos.

Me odiabas, a mí, la mujer antítesis de tu existencia, la mujer que era lo que tu nunca fuiste, la mujer que era feliz por el simple hecho de estar viva; algo que tú hace tiempo perdiste.

Me odiabas por mis pecados.

Y trataste de salvarme.

"Sofía, abandona lo que haces, deja de amar así que sólo puedes salir lastimada". Me dijiste.
"Amo como se debe amar, no conozco otra forma"

"Sofía, abandona, no te acuestes con él ¿Acaso eres una ramera?".
"No. Sólo una mujer satisfecha".

"Sofía, abandona tus sueños infantiles e idiotas, irrealizables"
"Ningún sueño es irrea.."

Había frases que ni siquiera me dejabas terminar, tan harto estabas de oírlas.

Ahora estamos a mano. Y puedes regodearte en tener la razón. Mis pecados se han vuelto la semilla de mi dolor.

Ya me miras con ojos diferentes, ahora que he sido pisoteada, que mi camino se ha truncado y que dependo de ti y de lo que tu bondadosa mano quiera darme.

Toma, te pago la cuenta de tus desilusiones, de tu frustración, tu ira, tu odio, de tus rencores infantiles y tu vida perdida.

Estamos a mano, y sé que lo sabes, al tocarme, al mirarme, al ayudarme, ya no tienes esa expresión sombría asomándose en el borde de tus ojos, te veo más contento y me sonríes con facilidad; y nos entendemos sin insultos.

Ahora me quieres.

Pero cuando no vigilas, sigo fantaseándo, planeando el siguiente mal paso. Sufro, sí. Pero ¿Cómo podría abandonar aquello que aunque me mate es mi única felicidad?.