Mi torva forma de ver el mundo es mía... me hace sufrir, me hace desear, me hace soñar. Por años esquivé la realidad sumergida en un mundo de fantasías donde yo era quien deseaba ser y no tenía límites ni cadenas. Las cadenas que la cordura, el raciocinio y los demás nos imponen, porque yo busco más allá de eso.
En ese mundo no había dolor y me escapaba a él para ignorar la enfermedad, los gritos, el encierro. Me quedaba horas, días, años, haciendo migas entre seres inexistentes más sólidos que las extraños con los que me cruzaba a diario. Pero un día no pude regresar, no quise hacerlo aunque al final tuve que. Mi alma vagó en arenas del tiempo que nunca cambian, mis ojos vieron lo que todos buscan y pocos reconocen cuando lo encuentran, mis manos abrazaron luz y tinieblas; y las atrajeron a ambas hacía mi vientre, donde germinaron y dieron a luz un corazón nuevo, mi boca declamó el poema de mi existencia en una lengua inexistente imposible de reproducir ahora. Pero volví y me acusaron de estar loca.
Supe que si me marchaba de nuevo sería para siempre y dudé en dejar mis pies acudir a aquel refugio. Hace tiempo ya que no visito ese mundo, hace tiempo ya que alguien me ancló a la realidad y no me dejó escapar prendada en su mirada y me mostró el amor... el amor impuro, el amor torcido pero amor al fin y al cabo.
¿Haz estado en ese sitio del que hablo?.
miércoles, enero 17, 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
2 comentarios:
El amor no es siempre como nos lo pinta la moral. Los amores o pasiones extrañas son más interesantes que la monotonía que agria nuestras almas.
Quizás no puedas regresar a ese mundo pero en tu vientre germinaron así que nacieron en la realidad.
No me hagas caso, escribo cosas muy extrañas en los blogs de otras personas.
Ojalá se pudiera elegir en que momento entrar o salir de ese mundo que hablas, o hacer lo mismo con el amor.
Publicar un comentario