sábado, agosto 18, 2007

El fruto de... La Penumbra

Hoy soy toda oscuridad, y para estar por fin en paz, te pido:

Clávame una daga...

Pero no en el corazón, si no en las manos para saber que siento todo lo que con ellas hice mal y todo el mal que hice con ellas; pero cale también todo lo que bien logré.

Clávala en los ojos que, provocadores, sedujeron hombres que golpearon fuerte y otros que casi maté; y no dejes puerta en las cuencas para que escape imagen alguna...

Sumérgela en mis pies, que pasaron por caminos que no debí transitar, pero que con ese andar hice el destino propio y viví lo imaginable a la par delo impensable.

Contén la respiración y sujeta fuertemente, clávalo certero en el hemisferio izquierdo, en mi cabeza por el odio ahí enclavado; ahora rápido al derecho pues las grandes habilidades que siempre deseé jamás se desarrollaron... Y para terminar, arriba. Llévalo a mi frente, por todos los pensamientos de muerte, de vida, de felicidad y de frustración que se juntaron, deja que se desborden aquellos de pasión, de amor... también los de resentimiento para que por fin pueda descansar de ellos. Y que los recuerdos olvidados reaparezcan.

Rasga con esa daga mis brazos, para que no puedan extenderse al viento y sentirme ángel para volar, porque nunca tendré alas para ser ángel ni tendré fuego para convertirme en lo contrario; porque mi materia es la carne y lo demás... es no materia. Pero antes sumérgela en mis piernas o saldré huyendo como suelo hacer.

Al final, clávala profunda y certera en el cuello, para que aún con todo ese dolor al morir, mi alma quede intacta. Pero que sea junto al mar, pues este siendo universo, no dará cuenta del líquido vital que vierta en él.

Ahora aléjate, antes de que tus manos queden marcadas con mi sangre.


Tomado del libro:
Diario de una loca.
Única página (hasta ahora)
Autora: Eritia Istar K-rol