miércoles, junio 13, 2007

El fruto de... El Acechador

Camila corre por la calle, de noche, en tacones. Camila es una mujer perseguida. El Acechador va tras ella, la vigila, la espera, le tiende una emboscada.

"Tienes que pasar por este camino Camila, y entonces serás mía".

Amenazas al estilo telenovelesco que Camila odia. No es que Camila haya oído alguna vez la voz del Acechador, o le haya visto siquiera. Ese tipejo es una parte oscura de la vida de Camila que ella ignora.

La sombra que le sigue los pasos, que le quiere matar. Que ella percibió oculta entre la nada de la vacuidad, la nada de la soledad, la nada de ser nada para los demás. Por eso ahora corre buscando de antemano las llaves en su bolsa. Para llegar a casa y dejar que la luz artificial la cobije y mantenga a raya el miedo.

El Acechador va tras ella, cae sobre ella, el Acechador la somete.

Camila llora.

Camila se debate.

La gente pasa junto a ella, alguien trata de levantarla.

"Tiene un ataque, llamen una ambulancia".

Un ánonimo trata de detenerla, de evitar que se arañe, que grite y se retuerza en dolorosa contorsión sobre el asfalto. Más es inútil intentar arrancarla de las garras su psique, pues su jaula está hecha de carne, huesos y piel... su carne, sus huesos, su piel y el corazón que late dentro de todo ello, el preso de esa reclusión.

Por que el Acechador no es otro que su amor contenido, la vida no vivida, la pasión no entregada que enloquece y quema por dentro.

Camila se rinde, su ser se abrasa mientras un camillero la amarra.

"¡¿Podrás unir estás cenizas que han quedado?!. ¡Dame forma, mira Acechador me he quebrado!." Grita una chica pero los ecos de su plegaria sólo le resuenan por dentro.

miércoles, abril 25, 2007

El Fruto de... la Luz de Luna

Muchas veces menguante, otras tantas creciente y muy pocas totalmente llena, plena. Nueva con una periodicidad predecible e implacable.

Casi siempre lejos del sol, en la oscuridad, acostumbrada a estar en la negrura, en lo apartado. A veces invisible, imperceptible, olvidable, insignificante si son pocos los que la recuerdan cuando no se ve.

Débil ante la niebla de las ciudades y tristemente lejana durante las lluvias aún cuando pueda estar brillando detrás de las nubes. Hermosa cuando se lo propone, seductora y siempre anhelante de los amores que ve creados gracias a ella.

No existe amor para ella, pues aunque haya quien desee tocarla, alcanzarla, hacerlo parece imposible, más ha habido extraños que logran llegar a ella aunque por su grandeza se sofocan y deben alejarse.

El sol, su amor platónico e imposible, es lo más anhelado pero sólo hacen el amor una vez cada cien años y hay veces que en ese eclipse el sol sea quien se cubre y desaparece por el amor de la luna, pero él es tan orgulloso de sí que furioso se aleja pronto de la luna y la hace al tiempo desaparecer eclipsándola también en una eterna relación inexistente. Es entonces cuando ella con toda dignidad y vanidad se pone más hermosa esperando ser vista por alguien más, pero aunque la miren miles continua el cruel destino de no ser tocada.

La luna tan bella, impetuosa, vanidosa, imponente, orgullosa, sarcástica, melancólica y alegre es también tímida pues cuando alcanza a ver los ojos de algún cometa se esconde hasta que pasa, pero también de vez en cuando se pone a coquetear con algún sol de otra galaxia y aún a pesar de eso y después de miles de años sólo tiene que conformarse a ser acompañada por un mísero satélite creado, hecho por los hombre y a tener una bandera ajena clavada en pleno corazón, siendo lastimada por esa sentencia de propiedad de algún poderoso desconocido.

La luna tiene muchos secretos, es muy bien sabido que hay un lado de ella que siempre está escondido, otro que muestra a todo el mundo y nadie más que el sol sabe qué esconde pero todos creen conocerla.

Cuando veo la sonrisa sarcástica y burlona de la luna recuerdo que soy como ella, sólo que ella es la eterna e infinita Selene y yo la siempre en peligro mortal Helena.

Eritia

miércoles, enero 17, 2007

El fruto de... mi forma de ver el mundo

Mi torva forma de ver el mundo es mía... me hace sufrir, me hace desear, me hace soñar. Por años esquivé la realidad sumergida en un mundo de fantasías donde yo era quien deseaba ser y no tenía límites ni cadenas. Las cadenas que la cordura, el raciocinio y los demás nos imponen, porque yo busco más allá de eso.

En ese mundo no había dolor y me escapaba a él para ignorar la enfermedad, los gritos, el encierro. Me quedaba horas, días, años, haciendo migas entre seres inexistentes más sólidos que las extraños con los que me cruzaba a diario. Pero un día no pude regresar, no quise hacerlo aunque al final tuve que. Mi alma vagó en arenas del tiempo que nunca cambian, mis ojos vieron lo que todos buscan y pocos reconocen cuando lo encuentran, mis manos abrazaron luz y tinieblas; y las atrajeron a ambas hacía mi vientre, donde germinaron y dieron a luz un corazón nuevo, mi boca declamó el poema de mi existencia en una lengua inexistente imposible de reproducir ahora. Pero volví y me acusaron de estar loca.

Supe que si me marchaba de nuevo sería para siempre y dudé en dejar mis pies acudir a aquel refugio. Hace tiempo ya que no visito ese mundo, hace tiempo ya que alguien me ancló a la realidad y no me dejó escapar prendada en su mirada y me mostró el amor... el amor impuro, el amor torcido pero amor al fin y al cabo.

¿Haz estado en ese sitio del que hablo?.