Manos decrepitas, arrugadas por el tiempo y deterioradas por el trabajo; levantaron una fina taza de porcelana, con figurillas finamente trazadas; en su interior, un brebaje para calmar los nervios, lo tomaba tres veces al día, como le había dicho la mujer vestida de blanco.
Se encontraba sola en esa gran casa, que podía albergar a cientos de huéspedes, todo lleno de lujos y comodidades, todo eso para ella, y no por egoísmo, sino por la falta de cariño. Hubo mejores tiempos, días llenos de felicidad, tranquilidad y paz absoluta, que todavía revoloteaban en su mente, como si los hubiera vivido ayer. Intento levantarse de la mecedora, que suavemente la acogía cada mañana, le costo trabajo pero al final lo logro, cada día que pasaba era más cansado moverse, vivir.
Con las yemas de sus dedos recorrió la fina caja de música, giró, giró, la perilla hasta que comenzó la suave melodía. Tuvo ganas de bailar, como antes, pero sus débiles piernas se lo impidieron, ya no estaba para eso. Otro día más, y continuaba con esa existencia hastiada, no comía, había días que no sentía el apetito.
Llegó a su fina recamara y quitó las sabanas de satén, introduciéndose en la cama fría, miró el techo por largas horas, intentando conciliar el sueño, el día había llegado a su fin.
Antes de cerrar los ojos, se preguntó lo mismo que se cuestionaba cada noche, ¿cuándo llegarían sus padres?, ¿esa mujer vestida de blanco seguirá atendiéndola?. Hizo cuentas mentales, pronto, pronto saldría de ahí, ellos se lo prometieron, le prometieron ir cuando cumpliera diez años.
Manos blancas y lisas, acomodaron las sabanas. Afuera la mujer vestida de blanco, anotaba rápidamente, en una pequeña libreta, la pequeña del Valle seguía igual. Suspirólargamente, y camino por los pasillos del hospital, meneaba la cabeza, hasta cuando, hasta cuando, dejaría de negar la realidad.
miércoles, noviembre 21, 2007
martes, octubre 02, 2007
El fruto de... El dolor
Me odiabas, sé que lo hacías, no hizo falta que me lo expresaras con palabras porque bastaba sorprenderte cuando me mirabas pensando que no me daba cuenta para saber tus sentimientos.
Me odiabas, a mí, la mujer antítesis de tu existencia, la mujer que era lo que tu nunca fuiste, la mujer que era feliz por el simple hecho de estar viva; algo que tú hace tiempo perdiste.
Me odiabas por mis pecados.
Y trataste de salvarme.
"Sofía, abandona lo que haces, deja de amar así que sólo puedes salir lastimada". Me dijiste.
"Amo como se debe amar, no conozco otra forma"
"Sofía, abandona, no te acuestes con él ¿Acaso eres una ramera?".
"No. Sólo una mujer satisfecha".
"Sofía, abandona tus sueños infantiles e idiotas, irrealizables"
"Ningún sueño es irrea.."
Había frases que ni siquiera me dejabas terminar, tan harto estabas de oírlas.
Ahora estamos a mano. Y puedes regodearte en tener la razón. Mis pecados se han vuelto la semilla de mi dolor.
Ya me miras con ojos diferentes, ahora que he sido pisoteada, que mi camino se ha truncado y que dependo de ti y de lo que tu bondadosa mano quiera darme.
Toma, te pago la cuenta de tus desilusiones, de tu frustración, tu ira, tu odio, de tus rencores infantiles y tu vida perdida.
Estamos a mano, y sé que lo sabes, al tocarme, al mirarme, al ayudarme, ya no tienes esa expresión sombría asomándose en el borde de tus ojos, te veo más contento y me sonríes con facilidad; y nos entendemos sin insultos.
Ahora me quieres.
Pero cuando no vigilas, sigo fantaseándo, planeando el siguiente mal paso. Sufro, sí. Pero ¿Cómo podría abandonar aquello que aunque me mate es mi única felicidad?.
Me odiabas, a mí, la mujer antítesis de tu existencia, la mujer que era lo que tu nunca fuiste, la mujer que era feliz por el simple hecho de estar viva; algo que tú hace tiempo perdiste.
Me odiabas por mis pecados.
Y trataste de salvarme.
"Sofía, abandona lo que haces, deja de amar así que sólo puedes salir lastimada". Me dijiste.
"Amo como se debe amar, no conozco otra forma"
"Sofía, abandona, no te acuestes con él ¿Acaso eres una ramera?".
"No. Sólo una mujer satisfecha".
"Sofía, abandona tus sueños infantiles e idiotas, irrealizables"
"Ningún sueño es irrea.."
Había frases que ni siquiera me dejabas terminar, tan harto estabas de oírlas.
Ahora estamos a mano. Y puedes regodearte en tener la razón. Mis pecados se han vuelto la semilla de mi dolor.
Ya me miras con ojos diferentes, ahora que he sido pisoteada, que mi camino se ha truncado y que dependo de ti y de lo que tu bondadosa mano quiera darme.
Toma, te pago la cuenta de tus desilusiones, de tu frustración, tu ira, tu odio, de tus rencores infantiles y tu vida perdida.
Estamos a mano, y sé que lo sabes, al tocarme, al mirarme, al ayudarme, ya no tienes esa expresión sombría asomándose en el borde de tus ojos, te veo más contento y me sonríes con facilidad; y nos entendemos sin insultos.
Ahora me quieres.
Pero cuando no vigilas, sigo fantaseándo, planeando el siguiente mal paso. Sufro, sí. Pero ¿Cómo podría abandonar aquello que aunque me mate es mi única felicidad?.
sábado, agosto 18, 2007
El fruto de... La Penumbra
Hoy soy toda oscuridad, y para estar por fin en paz, te pido:
Clávame una daga...
Pero no en el corazón, si no en las manos para saber que siento todo lo que con ellas hice mal y todo el mal que hice con ellas; pero cale también todo lo que bien logré.
Clávala en los ojos que, provocadores, sedujeron hombres que golpearon fuerte y otros que casi maté; y no dejes puerta en las cuencas para que escape imagen alguna...
Sumérgela en mis pies, que pasaron por caminos que no debí transitar, pero que con ese andar hice el destino propio y viví lo imaginable a la par delo impensable.
Contén la respiración y sujeta fuertemente, clávalo certero en el hemisferio izquierdo, en mi cabeza por el odio ahí enclavado; ahora rápido al derecho pues las grandes habilidades que siempre deseé jamás se desarrollaron... Y para terminar, arriba. Llévalo a mi frente, por todos los pensamientos de muerte, de vida, de felicidad y de frustración que se juntaron, deja que se desborden aquellos de pasión, de amor... también los de resentimiento para que por fin pueda descansar de ellos. Y que los recuerdos olvidados reaparezcan.
Rasga con esa daga mis brazos, para que no puedan extenderse al viento y sentirme ángel para volar, porque nunca tendré alas para ser ángel ni tendré fuego para convertirme en lo contrario; porque mi materia es la carne y lo demás... es no materia. Pero antes sumérgela en mis piernas o saldré huyendo como suelo hacer.
Al final, clávala profunda y certera en el cuello, para que aún con todo ese dolor al morir, mi alma quede intacta. Pero que sea junto al mar, pues este siendo universo, no dará cuenta del líquido vital que vierta en él.
Ahora aléjate, antes de que tus manos queden marcadas con mi sangre.
Tomado del libro:
Diario de una loca.
Única página (hasta ahora)
Autora: Eritia Istar K-rol
Clávame una daga...
Pero no en el corazón, si no en las manos para saber que siento todo lo que con ellas hice mal y todo el mal que hice con ellas; pero cale también todo lo que bien logré.
Clávala en los ojos que, provocadores, sedujeron hombres que golpearon fuerte y otros que casi maté; y no dejes puerta en las cuencas para que escape imagen alguna...
Sumérgela en mis pies, que pasaron por caminos que no debí transitar, pero que con ese andar hice el destino propio y viví lo imaginable a la par delo impensable.
Contén la respiración y sujeta fuertemente, clávalo certero en el hemisferio izquierdo, en mi cabeza por el odio ahí enclavado; ahora rápido al derecho pues las grandes habilidades que siempre deseé jamás se desarrollaron... Y para terminar, arriba. Llévalo a mi frente, por todos los pensamientos de muerte, de vida, de felicidad y de frustración que se juntaron, deja que se desborden aquellos de pasión, de amor... también los de resentimiento para que por fin pueda descansar de ellos. Y que los recuerdos olvidados reaparezcan.
Rasga con esa daga mis brazos, para que no puedan extenderse al viento y sentirme ángel para volar, porque nunca tendré alas para ser ángel ni tendré fuego para convertirme en lo contrario; porque mi materia es la carne y lo demás... es no materia. Pero antes sumérgela en mis piernas o saldré huyendo como suelo hacer.
Al final, clávala profunda y certera en el cuello, para que aún con todo ese dolor al morir, mi alma quede intacta. Pero que sea junto al mar, pues este siendo universo, no dará cuenta del líquido vital que vierta en él.
Ahora aléjate, antes de que tus manos queden marcadas con mi sangre.
Tomado del libro:
Diario de una loca.
Única página (hasta ahora)
Autora: Eritia Istar K-rol
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