Sobre mi, todo es oscuridad y es justo bajo ella donde todos los demonios se me escapan. Salen de mis manos, mis labios, pies, piernas y lo que resta del cuerpo, les tengo miedo, miedo por que arden, queman y sonrojan.
Y no veo nada, aún cuando tengo los ojos más abiertos que en cualquier otro momento, pero sé que está ahí, sobre mi y tan oscuro es todo que sin decisión me dedico a sentir, esas uñas que agradables duelen, el balance perfecto y los sonidos mudos.
Y es que lo siento con cada palmo de piel, tibio, unido a mi, a él, la oscuridad en sí misma literalmente sobre mi, me extravío y tiemblo de miedo, quien soy? Por qué me pierdo? Donde estoy? Para qué saber, sólo me desvanezco y ya no soy quien recuerdo.
Por fin se desvanece el manto nocturno entre las sábanas iluminadas para descubrir que yo vuelvo a ser lo que solía y el sigue siendo negrura aún a plena luz del día.
viernes, febrero 01, 2008
miércoles, noviembre 21, 2007
El fruto de... las manos
Manos decrepitas, arrugadas por el tiempo y deterioradas por el trabajo; levantaron una fina taza de porcelana, con figurillas finamente trazadas; en su interior, un brebaje para calmar los nervios, lo tomaba tres veces al día, como le había dicho la mujer vestida de blanco.
Se encontraba sola en esa gran casa, que podía albergar a cientos de huéspedes, todo lleno de lujos y comodidades, todo eso para ella, y no por egoísmo, sino por la falta de cariño. Hubo mejores tiempos, días llenos de felicidad, tranquilidad y paz absoluta, que todavía revoloteaban en su mente, como si los hubiera vivido ayer. Intento levantarse de la mecedora, que suavemente la acogía cada mañana, le costo trabajo pero al final lo logro, cada día que pasaba era más cansado moverse, vivir.
Con las yemas de sus dedos recorrió la fina caja de música, giró, giró, la perilla hasta que comenzó la suave melodía. Tuvo ganas de bailar, como antes, pero sus débiles piernas se lo impidieron, ya no estaba para eso. Otro día más, y continuaba con esa existencia hastiada, no comía, había días que no sentía el apetito.
Llegó a su fina recamara y quitó las sabanas de satén, introduciéndose en la cama fría, miró el techo por largas horas, intentando conciliar el sueño, el día había llegado a su fin.
Antes de cerrar los ojos, se preguntó lo mismo que se cuestionaba cada noche, ¿cuándo llegarían sus padres?, ¿esa mujer vestida de blanco seguirá atendiéndola?. Hizo cuentas mentales, pronto, pronto saldría de ahí, ellos se lo prometieron, le prometieron ir cuando cumpliera diez años.
Manos blancas y lisas, acomodaron las sabanas. Afuera la mujer vestida de blanco, anotaba rápidamente, en una pequeña libreta, la pequeña del Valle seguía igual. Suspirólargamente, y camino por los pasillos del hospital, meneaba la cabeza, hasta cuando, hasta cuando, dejaría de negar la realidad.
Se encontraba sola en esa gran casa, que podía albergar a cientos de huéspedes, todo lleno de lujos y comodidades, todo eso para ella, y no por egoísmo, sino por la falta de cariño. Hubo mejores tiempos, días llenos de felicidad, tranquilidad y paz absoluta, que todavía revoloteaban en su mente, como si los hubiera vivido ayer. Intento levantarse de la mecedora, que suavemente la acogía cada mañana, le costo trabajo pero al final lo logro, cada día que pasaba era más cansado moverse, vivir.
Con las yemas de sus dedos recorrió la fina caja de música, giró, giró, la perilla hasta que comenzó la suave melodía. Tuvo ganas de bailar, como antes, pero sus débiles piernas se lo impidieron, ya no estaba para eso. Otro día más, y continuaba con esa existencia hastiada, no comía, había días que no sentía el apetito.
Llegó a su fina recamara y quitó las sabanas de satén, introduciéndose en la cama fría, miró el techo por largas horas, intentando conciliar el sueño, el día había llegado a su fin.
Antes de cerrar los ojos, se preguntó lo mismo que se cuestionaba cada noche, ¿cuándo llegarían sus padres?, ¿esa mujer vestida de blanco seguirá atendiéndola?. Hizo cuentas mentales, pronto, pronto saldría de ahí, ellos se lo prometieron, le prometieron ir cuando cumpliera diez años.
Manos blancas y lisas, acomodaron las sabanas. Afuera la mujer vestida de blanco, anotaba rápidamente, en una pequeña libreta, la pequeña del Valle seguía igual. Suspirólargamente, y camino por los pasillos del hospital, meneaba la cabeza, hasta cuando, hasta cuando, dejaría de negar la realidad.
martes, octubre 02, 2007
El fruto de... El dolor
Me odiabas, sé que lo hacías, no hizo falta que me lo expresaras con palabras porque bastaba sorprenderte cuando me mirabas pensando que no me daba cuenta para saber tus sentimientos.
Me odiabas, a mí, la mujer antítesis de tu existencia, la mujer que era lo que tu nunca fuiste, la mujer que era feliz por el simple hecho de estar viva; algo que tú hace tiempo perdiste.
Me odiabas por mis pecados.
Y trataste de salvarme.
"Sofía, abandona lo que haces, deja de amar así que sólo puedes salir lastimada". Me dijiste.
"Amo como se debe amar, no conozco otra forma"
"Sofía, abandona, no te acuestes con él ¿Acaso eres una ramera?".
"No. Sólo una mujer satisfecha".
"Sofía, abandona tus sueños infantiles e idiotas, irrealizables"
"Ningún sueño es irrea.."
Había frases que ni siquiera me dejabas terminar, tan harto estabas de oírlas.
Ahora estamos a mano. Y puedes regodearte en tener la razón. Mis pecados se han vuelto la semilla de mi dolor.
Ya me miras con ojos diferentes, ahora que he sido pisoteada, que mi camino se ha truncado y que dependo de ti y de lo que tu bondadosa mano quiera darme.
Toma, te pago la cuenta de tus desilusiones, de tu frustración, tu ira, tu odio, de tus rencores infantiles y tu vida perdida.
Estamos a mano, y sé que lo sabes, al tocarme, al mirarme, al ayudarme, ya no tienes esa expresión sombría asomándose en el borde de tus ojos, te veo más contento y me sonríes con facilidad; y nos entendemos sin insultos.
Ahora me quieres.
Pero cuando no vigilas, sigo fantaseándo, planeando el siguiente mal paso. Sufro, sí. Pero ¿Cómo podría abandonar aquello que aunque me mate es mi única felicidad?.
Me odiabas, a mí, la mujer antítesis de tu existencia, la mujer que era lo que tu nunca fuiste, la mujer que era feliz por el simple hecho de estar viva; algo que tú hace tiempo perdiste.
Me odiabas por mis pecados.
Y trataste de salvarme.
"Sofía, abandona lo que haces, deja de amar así que sólo puedes salir lastimada". Me dijiste.
"Amo como se debe amar, no conozco otra forma"
"Sofía, abandona, no te acuestes con él ¿Acaso eres una ramera?".
"No. Sólo una mujer satisfecha".
"Sofía, abandona tus sueños infantiles e idiotas, irrealizables"
"Ningún sueño es irrea.."
Había frases que ni siquiera me dejabas terminar, tan harto estabas de oírlas.
Ahora estamos a mano. Y puedes regodearte en tener la razón. Mis pecados se han vuelto la semilla de mi dolor.
Ya me miras con ojos diferentes, ahora que he sido pisoteada, que mi camino se ha truncado y que dependo de ti y de lo que tu bondadosa mano quiera darme.
Toma, te pago la cuenta de tus desilusiones, de tu frustración, tu ira, tu odio, de tus rencores infantiles y tu vida perdida.
Estamos a mano, y sé que lo sabes, al tocarme, al mirarme, al ayudarme, ya no tienes esa expresión sombría asomándose en el borde de tus ojos, te veo más contento y me sonríes con facilidad; y nos entendemos sin insultos.
Ahora me quieres.
Pero cuando no vigilas, sigo fantaseándo, planeando el siguiente mal paso. Sufro, sí. Pero ¿Cómo podría abandonar aquello que aunque me mate es mi única felicidad?.
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